sábado, 22 de septiembre de 2012

Capítulo 25


[…]

Héctor le había conseguido a Laura un osito de peluche en una de esas casetas de tiro al blanco. Caminaron casi sin querer hacia la moto. -Creo que esta cosita y yo no vamos a caber en la moto -dijo con pesar Laura. -No te preocupes, lo dejamos en mi casa, y así ya tienes una escusa para venir a visitarme cuando nos den las vacaciones -dijo Héctor con una alegre sonrisa. Laura hizo un gesto de indiferencia y se agarró del brazo de Héctor. Anduvieron un poco antes de llegar a un bloque de pisos. -¿Hay alguien en tu casa? -preguntó tímida Laura.  -No. Mis padres no están, porque ayudan a una de esas casetas, y mis hermanos están por ahí con sus amigos. Así que no te preocupes, no hay nadie. Subieron andando por las escaleras. Era un primer piso. -Y ¡tachán! Esta es mi casa. Pasa -dijo Héctor invitándola con el brazo -ven, puedes dejarlo en mi habitación -dijo guiándola. Laura vio una habitación pequeña, con una cama perfectamente hecha. Le pareció un buen lugar para dejarlo. Laura echó un vistazo a su alrededor, y como no vio a Héctor, empezó a cotillear por toda la habitación.
-¿Te gusta mi habitación? -le preguntó Héctor entrado de repente. Laura se dio la vuelta asustada y le sonrió al ver que era él. Héctor se acercó lentamente a ella y la besó, sentándola en la cama.

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-Estoy cansada de bailar, ¿por qué no nos sentamos en ese banco que hay allí libre? -dijo Raquel sin darle tiempo a reaccionar, aunque tampoco es que Lucas tuviera mucha capacidad para hacerlo. En cuanto se sentaron en el banco, Raquel se tiró a besarle.

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-Me voy ya, aunque siento dejarte sola -dijo Jaime mientras echaba un vistazo a su reloj. -No importa, pásalo muy bien en Valencia -dijo ella. Jaime se inclinó un poco sobre ella y la dio un beso rápido, ella lo correspondió, quizás es que el alcohol le había subido, quizás es que estaba sola, quizás es que Lucas no estaba allí con ella. - Quería despedirme en condiciones -Jaime la rodeó con sus brazos y ella lo abrazó también. -¿Me llamas antes de irnos a Ibiza y quedamos? -preguntó mirándolo. El asintió y le dio otro beso. -Nos vemos pronto, Andrea -Jaime se alejó y ella de nuevo se quedo sola, algo desorientada. No tardaría en irse.

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-¿Dónde tienes la casa? -preguntó Carla. -Pues tenemos una en Mallorca y otra en Cádiz, pero el barco está en Cádiz -dijo él. Carla se rió. -Estás forrado -dijo mirándole. -El que lo está es mi padre, es empresario, abogado, como mi hermano y como mi abuelo. Pero yo no quise seguir la tradición -dijo Ángel. -Ya me dijeron que suspendiste todas en primero de Derecho -dijo Carla con guasa.
-No perdona, no soy tonto, solo no me gusta, prefiero el arte, pintar y dibujar, demasiado bohemio para mi padre, hasta hace un año solo me apoyaba mi madre, mi padre solo lo hizo al ver mis cuadros. Quiero montar mi propia galería, pero no quiero que se me conozca por el apellido. Quiero hacerme mi propio nombre -dijo él. -Vaya, eso es genial -Carla no sabía qué decir, la verdad es que le había juzgado sin conocerlo. -No tanto como tú -le respondió él. Carla comenzó a reír. -Ya vale ¿eh? -dijo.

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Parecía que lo que le había echado en la copa a Lucas le había afectado. No la había rechazado cuando le había besado. Raquel estaba eufórica y eso se notaba en que cada vez se iba acercando más a él.
Andrea fue a sentarse donde estaba antes de despedirse de Jaime y miró hacia la cabina del pincha discos con una sonrisa, buscando a Lucas. Pero le vio que estaba besando a Raquel. Abrió y cerró un poco los ojos porque pensaba que era por culpa del alcohol. Pero no, estaba segura de que era real. Echó a correr como una posesa para fuera, llorando.
Carla estaba aún fuera con Ángel en el banco, hablando esta vez de su familia. En cuanto vio que alguien salía corriendo llorando, se acercó a ver qué pasaba, dejando a Ángel un poco confundido en el banco.
Andrea comenzó a correr mientras sentía las lágrimas agolparse en los ojos, le daba igual el maquillaje. Lo que más le dolía era el parecer tonta.
-Andrea -gritó Carla siguiéndola de cerca. Había tardado un poco en darse cuenta quien era, pero la había reconocido por el vestido. Por suerte ella no había bebido, y aunque había dejado a Ángel allí plantado esto le parecía más importante. -¡Déjame tranquila! -gritó con la voz quebrada, Carla la cogió del brazo. -Andrea por favor -le dijo ella. -Llévame a casa, sácame de aquí -dijo entre llantos Andrea.
Carla fue corriendo a despedirse de Ángel. -Lo siento, me tengo que ir. Te llamo cuando volvamos del pueblo de Andrea -le dio un beso en los labios rápido y se fue sin darle tiempo si quiera a contestar.
Carla no le preguntó nada en todo el trayecto de vuelta a casa. Andrea no hacía más que taparse la cara para que Carla no la viera llorar más. Bajaron del taxi y subieron por el pasillo. Carla se atrevió a preguntar: -¿Mejor?-. Andrea sacó fuerzas de donde no las tenía y le dijo sonriendo: -No.
Entraron en el piso B y se dirigieron directamente a la habitación de Andrea. Ésta se echó a llorar en los brazos de Carla.
-Es un idiota, y yo soy imbécil -dijo entre lágrimas, mientras Carla la abrazaba y la dejaba desahogarse.
-¿Jaime?, ¿qué te ha hecho?, mira que la hostia que se llevará va a ser pequeña -comenzó a decir Carla, Andrea se secó las lágrimas con las manos como pudo, llevándose el rímel de la cara.
-¡Lucas!, se ha enrollado con Raquel, lo he visto -dijo Andrea que respiraba como podía con el sofoco -¿para eso me pide que vaya con él? para quedar como una idiota. Es un niñato, ¿cómo he podido pensar que le gustaba? lo odio -dijo echándose esta vez encima de la cama, tapando la cara contra la almohada comenzando a llorar de nuevo con la misma fuerza de antes.
Carla lo flipó, pero intentó animarla. -Venga Andrea… déjalo. Olvídalo y punto. Pasa de él. Que se joda -dijo Carla dándole palmaditas en la espalda para tranquilizarla -pero deja de llorar… porque esas lágrimas las estás llorando por él, ni se las merece. Así que sonríe-. Andrea dio un bufido y ni siquiera levantó la cabeza de la almohada. -Voy a por un vaso de agua para que se te pase el sofoco -anunció Carla. Aprovechó para llamar a Laura y que viniera a echarle una mano.

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